El choque de ayer.
- Yo, formado en la única taquilla operante de la estación del metro más cercana a mi casa.
- El horrible ruido de los neumáticos de un auto que frena de improviso destroza la normalidad de los sonidos del lugar.
- El sonido se repite y se intercala con otro que todos identificamos como un choque, un choque, seguro entre dos autos. La sucesión de sonidos se repite tres veces en un lapso cortísimo, apenas de unos segundos. ¡Fue una carambola!
- Los dos que estaban frente a mi en la fila, saltan de jubilo, abandonan su lugar en la formación y corren hacia una zona de la estación que les permita ver el accidente (mas bien los resultados).
- Muchos siguen su ejemplo.
- Tengo curiosidad, pero, permanezco en la fila.
- Bajo al anden, es tarde para mi clase, pero, tengo curiosidad.
- ¡Maldita sea! El tren esta aquí, no me deja ver los autos que se estrellaron.
- El tren permanece mas de 10 minutos sin moverse (el conductor también es curioso)
- Nadie aborda el tren que va en la otra dirección y mucho menos el que impide ver la escena.
- Todos los pasajeros dentro de los vagones se levantan de sus asientos, se pegan a las ventanas y mantienen una cara de asombro permanente. La ambulancia y la policía no tardaron más de 2 minutos en llegar, lo cual beneficia el espectáculo.
- Del otro lado mucha gente ha ganado buen lugar en la acera y contempla con el mismo interés.
- El tren se va.
- Yo me quede.
- Es tarde, pero, tengo curiosidad.
3 Comments:
La curiosidad, ¿mató al gato? Me encantan esos momentos morbosos en que la gente se agolpa en torno al accidente. Aunque odio la sangre, creo que es inherente a todos el ser voyeuristas.
La curiosidad es un sentir horrible, como el deseo sexual o el hambre es tan fuerte que puede gobernarte.
Bien dicen que a todo se acostumbra uno, menos a no comer. O que los placeres de la vida son comer, cagar y coger... yo no lo digo, así me lo platicaron.
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